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EL DECLIVE DEL SER HUMANO |
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Escrito por Fco Javier Sáinz de Murieta (@vitxin)
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viernes, 03 de septiembre de 2010 |
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"Hoy como cualquier otro día, me despierto una vez más con la convicción de que estoy siendo arrastrado por una fuerza invisible hacia el más rotundo de los fracasos. Siento bajo mis pies el incesante chasquido del desastre que se avecina." Cita propia. En estos días que está en boca de cualquiera la 'crisis' mundial, no deja de sorprenderme la enorme capacidad del ser humano para evitar e incluso olvidar su historia más reciente. La 'gran depresión' del 29, la crisis del petróleo a principios de los 70, el 'lunes negro' en Wall Street (1987). Son solo ejemplos de los innumerables episodios de agonía de un sistema económico que se basa fundamentalmente en el endeudamiento de todos y cada uno de los actores de esta suerte de tragicomedia que es el sistema económico mundial. Es irónico comprobar una y otra vez que, las 'grandes economías' han permitido (por no decir que abrigado y sostenido) una especie de territorios sin ley, llamados paraísos fiscales, en los que los lobbys financieros han jugado al monopoli guiados por su propia avaricia, y lo más terrible de todo, marcando las reglas del juego. ¿Realmente ha existido alguna vez control de este exabrupto por parte de una institución independiente? Inclusive ¿Es plausible que dada la condición humana, pueda existir algún día una entidad semejante? Crisis energética, crisis financiera, hambrunas, guerras preventivas, presencia militar en países ajenos bajo el nombre de 'misiones humanitarias', calentamiento global y un largo etcetera. ¿Realidades o falacias convenientemente diseñadas? Vivimos la era de la información, en la que incesantemente somos bombardeados por noticias de todo tipo. Supuestamente hoy estamos más y mejor informados de nuestra realidad e incluso de realidades ajenas. ¿Realmente este plus de información nos ha llevado a ser mejores ciudadanos, a reconocer nuestros errores e incluso a escarmentar con los ajenos para construir una sociedad más amable? Somos seres egoístas, y esto es intrínseco al ser humano. Desde el más débil hasta el más fuerte. Desde el ignorante hasta el sabio. Desde el mezquino hasta el filantropo. Esta reflexión me ha venido recientemente a la cabeza, tras releer una de las para mi mejores obras de Saramago. Ensayo sobre la ceguera. Quizá ya estemos infectados de esa ceguera blanca y lechosa, en la que nuestros ojos ya no son capaces de interpretar lo que están viendo y no precisamente por un lesión en el sistema óptico o debido a patología alguna. Los países del 'primer mundo' quizá sean los que alberguen un mayor número de ciegos. Y aquellos 'contagiados' que provienen de los países menos favorecidos (si no gusta el término, puede el lector emplear el eufemismo que más le calme la conciencia, como por ejemplo 'países en vía de desarrollo') terminarán ciegos también, en su desesperada búsqueda de sumarse al sueño económico de su nuevo país de acogida. Las autoridades saben del alcance del contagio, y por ello nos someten a un cada vez más asfixiante control. Algo parecido a lo que nos sugiere Orwell en '1984'. Y nosotros victimas de nuestra propia estulticia, consideramos que se están preocupando de nuestro bienestar y seguridad. Cuando algún 'contagiado' del 'primer mundo' estima que, lo mejor es aplicar la ley del más fuerte (no olvidemos que el 'contagiado' no ha perdido del todo su capacidad de ver, aunque indudablemente su capacidad de discernimiento ya venga alterada desde mucho antes) Asistimos impasibles, a los enfrentamientos entre 'ciegos' y 'contagiados'. Una pelea por las 'raciones de comida' que aflora los más bajos instintos del ser humano. Solo por poner un ejemplo, recordemos los graves incidentes del Ejido (Almería- España) en febrero del 2000. Chus Gutierrez lo dibuja tímidamente en su film 'Poniente' en el año 2002. Enfrentamientos ocasionados por conflictos de intereses entre las partes implicadas y muchas veces alentadas desde arriba. Desde los propios lobbys de poder, que a modo de soldadesca se encargan de acribillarnos a unos y a otros cuando su miedo al contagio les invade. Esa ceguera blanca que nos inquieta e impide que conciliemos el sueño. Que nos sobresalta cada vez que abrimos los ojos esperando ver una realidad más agradable, incluso aunque desdibuje la realidad existente. Si, el autoengaño. Nos engañamos continuamente. Cuando nos comemos los cuentos chinos de necesidades superfluas. Cuando somos incapaces de reconocer nuestros propios prejuicios respecto a los demás. Cuando el miedo a lo que no sabemos o conocemos nos lleva a negar la validez de otros puntos de vista o formas de vivir diferentes. Cuando nos dejamos arrastrar por la corriente de lo conveniente, de lo aceptable, de lo que otros esperan de nosotros. Cuando dejamos de decir 'te quiero' a quienes amamos, creyendo que está sobreentendido. Nos engañamos cuando estando 'contagiados' consideramos que nunca llegaremos a estar 'ciegos'.
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Dios habita en el cerebro |
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Escrito por JAVIER SAMPEDRO
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lunes, 23 de febrero de 2009 |
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Hallazgos neurocientíficos explican por qué el hombre se refugia en las religiones El Dios de Abraham era justo, inapelable, incorruptible, trascendente, omnisciente, omnipotente, omnipresente y omnibenevolente. El cristianismo antiguo se centró en la pericoresis o fusión de tres personas en una sola entidad divina. Para la vía negativa de Maimónides sólo nos es dado discutir sobre lo que Dios no es. El Todo de los herméticos es más complicado que la suma de cuanto existe, y el Buda puso el énfasis en la liberación del sufrimiento en la tierra. Vista así, la religión tiene poco de universal. Pero los experimentos han hecho aflorar una capa subyacente más simple. Por ejemplo, los psicólogos cuentan a grupos de voluntarios una historia en la que Dios atiende a cinco problemas a la vez. Los creyentes de cualquier confesión monoteísta aceptan la narración con naturalidad, puesto que Dios tiene sobrados poderes cognitivos para ello. Pero si se les pide recordar la historia un rato después, casi todos cuentan que Dios atiende los cinco problemas uno por uno: su subconsciente ha humanizado al omnipotente Dios de la doctrina. La investigación reciente en psicología cognitiva, neurobiología y antropología cultural ha revelado que la mayoría de los creyentes, sea cual sea su culto, tienen interiorizado un modelo extremadamente antropocéntrico de Dios. No sólo posee una figura humana, sino que utiliza los mismos procesos de percepción, razonamiento y motivación que las personas. Las creencias explícitas sobre la divinidad son muy distintas entre religiones, pero los supuestos tácitos son casi idénticos en la mayoría de las personas. La característica central de cualquier religión es un núcleo de creencias sobre agentes no físicos. Este tipo de "conceptos sobrenaturales" -que también aparecen en la fantasía, los sueños y las supersticiones- está muy condicionado por nuestro conocimiento del mundo real. Un espíritu es un tipo de persona, sólo que atraviesa paredes. Dios comparte esas limitaciones dentro de la cabeza de los creyentes. Más en general, las creencias subconscientes de la gente religiosa de cualquier credo son extraordinariamente parecidas: los agentes sobrenaturales ejercen una vigilancia permanente del comportamiento moral de la persona, con acceso instantáneo a sus pensamientos y deseos más íntimos. Los creyentes de cualquier culto también albergan creencias sobre la existencia y las propiedades de esos agentes sobrenaturales, y suelen guardar símbolos o amuletos que los representan, y celebrar rituales en su nombre. Cada grupo social suele atribuir a esos agentes su sistema moral, y su propia cohesión social. Los científicos cognitivos han reunido muchas evidencias de que esta especie de religión natural se enraíza en cualidades humanas universales -como la capacidad para simular relaciones con personajes ficticios- que no son específicas de la experiencia religiosa, sino una consecuencia de tener el cerebro más desarrollado, y las estructuras sociales más complejas y estables, que han evolucionado en ninguna especie animal de este planeta. "El pensamiento y el comportamiento religioso pueden considerarse parte de las capacidades naturales humanas, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las coaliciones étnicas", dice Pascal Boyer, de la Universidad de Washington en Saint Louis. Boyer ha publicado en el último año dos trabajos de referencia sobre la evolución cognitiva de la religión (Nature 455:1038; Annual Review of Anthropology 37:111). El filósofo Daniel Dennett sostiene que los cerebros animales han evolucionado a través de tres fases. El comportamiento de las criaturas darwinianas está determinado genéticamente. Las criaturas skinnerianas (por el psicólogo conductista norteamericano B. F. Skinner) disponen de una gama de comportamientos, pero despliegan uno u otro al azar. Los humanos somos criaturas popperianas (por el filósofo de la ciencia Karl Popper). Una criatura popperiana hace lo mismo que una criatura skinneriana, pero sólo dentro de su propia cabeza, como una serie de simulaciones mentales. El ingeniero de la Universidad de Michigan John Holland, padre de los algoritmos genéticos, asegura que "la verdadera esencia de una ventaja competitiva, sea en el ajedrez o en la actividad económica, es el descubrimiento y la ejecución de jugadas en un escenario ficticio". Y entre las principales jugadas que tenemos que simular los humanos, desde la más tierna edad, están las situaciones sociales ficticias. "Todos los niños entablan relaciones sociales importantes y duraderas con personajes de ficción, amigos imaginarios, familiares desaparecidos, héroes invisibles, novios figurados...", dice Boyer. La práctica constante con ese tipo de "agentes no físicos", de hecho, puede explicar parte de la extraordinaria destreza social de nuestra especie, muy superior a la de los demás primates. Y desde ahí, el científico de Washington sólo ve un pequeño paso hasta otros "agentes no físicos" como espíritus, dioses y demonios, "intangibles pero implicados socialmente". Los agentes sobrenaturales son a menudo la fuente de la moral para las personas religiosas, y también sus vigilantes omniscientes, esto es, que basta con pensar en algo pecaminoso para que se den por enterados. Ésta es otra de las creencias más generales entre los fieles de cualquier culto. La psicología experimental indica, sin embargo, que los niños comprenden los imperativos morales básicos, como los relativos al trato justo y al daño a sus semejantes, desde que están en edad preescolar. Eso es antes de que puedan comprender esos conceptos abstractos y con independencia del entorno religioso en que se obtengan los datos. La neurobiología, por otro lado, ha revelado nexos muy relevantes entre los juicios morales y algunas de las emociones humanas más básicas y universales. Uno de los nodos centrales de la red emocional del cerebro es el córtex prefrontal ventromedial (VMPC). Los pacientes que tienen destruida esa zona del córtex muestran una disminución general en su capacidad de respuesta emocional y una marcada reducción de las emociones sociales -como la compasión, la vergüenza y la culpa que están estrechamente relacionadas con los valores morales-. El VMPC es muy conocido por los neurólogos desde el 13 de septiembre 1848, cuando una explosión accidental disparó una barra de hierro de un metro de largo y seis kilos de peso exactamente hacia esa zona del cerebro de Phineas Gage, el capataz de una cuadrilla de trabajadores del ferrocarril. Sobrevivió, y sin daños en la capacidad del lenguaje ni en otras funciones intelectuales. Pero como dijo poco después un amigo suyo: "Este hombre ya no es Phineas Gage". Todos los graves defectos que muestran estos pacientes se refieren a la respuesta a los estímulos emocionales o a la regulación de los propios sentimientos. Sus capacidades de la inteligencia general, de razonamiento lógico y de conocimiento de las normas sociales y morales están intactas. Según el neurólogo Antonio Damasio, premio Príncipe de Asturias, muchas reacciones morales aversivas son una combinación del visceral rechazo a ciertos actos (matar a alguien, por ejemplo) y de la compasión instintiva por otro ser humano. Damasio cree que las emociones no sólo se asocian a los juicios morales, sino que son cruciales para elaborarlos. "Aunque los creyentes suelen atribuir su moralidad a un agente sobrenatural", dice Boyer, "los modelos cognitivos indican todo lo contrario: que nuestros sentimientos morales son reclutados para dar verosimilitud a las nociones morales de la religión". Los ritos religiosos también parecen muy distintos entre unas culturas y otras, pero todos pertenecen a una clase de "comportamientos rituales" constantes en la especie humana. Los ritos se basan siempre en alguna secuencia de actos arbitraria, obligatoria, ejecutada en un orden rígido, desligada de un objetivo práctico obvio y repetida muchas veces. También implican a menudo el uso de números, colores llamativos y símbolos de la pureza, el orden o la simetría. Nuevamente, estos comportamientos rituales son un tema común en el desarrollo infantil: por ejemplo, cuando un niño sólo puede andar por la acera pisando las baldosas rojas, o tiene que subir el primer peldaño de su portal antes de que se cierre la puerta de la calle. Los niños suelen asociar estos rituales a unas vagas nociones de purificación y protección del peligro. Cuando estos sistemas se pasan de revoluciones, ocurren los trastornos obsesivo-compulsivos. "Sabemos que el cerebro humano tiene redes de seguridad y precaución dedicadas a prevenir peligros como la predación", dice Boyer. "Las aserciones religiosas sobre la pureza, la suciedad y el peligro oculto de los demonios al acecho estimulan esos mismos sistemas, y hacen que las precauciones rituales resulten intuitivamente atractivas". La crítica científica de la religión se ha centrado hasta ahora en argumentos racionales. El astrofísico Carl Sagan, por ejemplo, escribió: "¿Cómo es que apenas ninguna religión ha mirado a la ciencia y ha concluido: '¡Esto es mejor que lo nuestro! El universo es mucho mayor de lo que dijeron nuestros profetas, más sutil y elegante?". "Hay quien tiene un concepto tan amplio de Dios que no hay forma de evitar que lo acabe encontrando en cualquier parte", afirma Steven Weinberg, físico teórico y premio Nobel. "Si quieres decir que Dios es energía, lo puedes hallar en un montón de carbón". FUENTE: EL PAIS AUTOR DEL REPORTAJE: Javier Sanpedro. (Madrid, 1960). Es un científico y periodista español. Se doctoró en genética y biología molecular, y fue investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid y del Laboratorio de biología molecular del Medical Research Council de Cambridge. En 1995 comenzó a publicar artículos de divulgación científica en El País, algunos de ellos recopilados en libro. Ha publicado artículos en Nature y también dirige el blog Fórmulas que mueven el mundo.
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El pasado 9 de Abril se cumplieron 60 años del magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán |
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Escrito por Eduardo Galeano
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martes, 22 de abril de 2008 |
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En el 60 aniversario del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, recupero un escrito de Eduardo Galeano, acerca de aquel acontecimiento que marcó definitivamente la historia de Colombia hasta nuestros días. Muere asesinado en Bogotá, Jorge Eliécer Gaitán (1948) Abril 9, 1948. Bogotá - Colombia Vísperas En la plácida Bogotá, morada de frailes y juristas, el general Marshall se reúne con los cancilleres de los países latinoamericanos. ¿Que nos trae en sus alforjas el Rey Mago de Occidente, el que riega con dólares, los suelos europeos devastados por la guerra? El general Marshall resiste, impasible, con los audífonos pegados a las sienes, el discurserío que arrecia. Sin mover ni los párpados, aguanta las larguísimas profesiones de fe democrática de muchos delegados latinoamericanos ansiosos por venderse a precio de gallo muerto, mientras John McCloy, gerente del Banco Mundial, advierte: —Lo lamento, señores, pero no he traído mi libreta de cheques en la maleta. Más allá de los salones de la Novena Conferencia Panamericana, también llueven discursos todo a lo largo y a lo ancho del país anfitrión. Los doctores liberales anuncian que traerán la paz a Colombia, como la diosa Palas Atenea hizo brotar el olivo en las colinas de Atenas, y los doctores conservadores prometen arrancar al sol fuerzas inéditas y prender con el oscuro fuego que es entraña del globo la tímida lamparilla votiva del tenebrario que se enciende en vísperas de la traición en la noche de las tinieblas. Mientras cancilleres y doctores claman, proclaman y declaman, la realidad existe. En los campos colombianos se libra a tiros la guerra entre conservadores y liberales; los políticos ponen las palabras y los campesinos ponen los muertos. Y ya la violencia está llegando hasta Bogotá, ya golpea a las puertas de la capital y amenaza su rutina de siempre, siempre los mismos pecados, siempre las mismas metáforas: en la corrida de toros del último domingo, la multitud desesperada se ha lanzado a la arena y ha roto en pedazos a un pobre toro que se negaba a pelear. Gaitán El país político, dice Jorge Eliécer Gaitán, nada tiene que ver con el país nacional. Gaitán es jefe del Partido Liberal, pero es también su oveja negra. Lo adoran los pobres de todas las banderas. ¿Qué diferencia hay entre el hambre liberal y el hambre conservadora? ¡El paludismo no es conservador ni liberal! La voz de Gaitán desata al pueblo que por su boca grita. Este hombre pone al miedo de espaldas. De todas partes acuden a escucharlo, a escucharse, los andrajosos, echando remo a través de la selva y metiendo espuela a los caballos por los caminos. Dicen que cuando Gaitán habla se rompe la niebla en Bogotá; y que hasta el mismo san Pedro para la oreja y no permite que caiga la lluvia sobre las gigantescas concentraciones reunidas a la luz de las antorchas. El altivo caudillo, enjuto rostro de estatua, denuncia sin pelos en la lengua a la oligarquía y al ventrílocuo imperialista que la tiene sentada en sus rodillas, oligarquía sin vida propia ni palabra propia, y anuncia la reforma agraria y otras verdades que pondrán fin a tan larga mentira. Si no lo matan, Gaitán será presidente de Colombia. Comprarlo, no se puede. ¿A qué tentación podría sucumbir este hombre que desprecia el placer, que duerme solo, come poco y bebe nada y que no acepta la anestesia ni para sacarse una muela? El bogotazo A las dos de la tarde de este nueve de abril, Gaitán tenía una cita. Iba a recibir a un estudiante, uno de los estudiantes latinoamericanos que se están reuniendo en Bogotá al margen y en contra de la ceremonia panamericana del general Marshall. A la una y media, el estudiante sale del hotel, dispuesto a echarse una suave caminata hacia la oficina de Gaitán. Pero a poco andar escucha ruidos de terremoto y una avalancha humana se le viene encima. El pobrerío, brotando de los suburbios y descolgado de los cerros, avanza en tromba hacia todos los lugares, huracán del dolor y de la ira que viene barriendo la ciudad, rompiendo vidrieras, volcando tranvías, incendiando edificios: —¡Lo mataron! ¡Lo mataron! Ha sido en la calle, de tres balazos. El reloj de Gaitán quedó parado a la una y cinco. El estudiante, un cubano corpulento llamado Fidel Castro, se mete en la cabeza una gorra sin visera y se deja llevar por el viento del pueblo. Llamas Invaden el centro de Bogotá las ruanas indias y las alpargatas obreras, manos curtidas por la tierra o por la cal, manos manchadas de aceite o de lustre de zapatos, y al torbellino acuden los changadores y los estudiantes y los camareros, las lavanderas del río y las vivanderas del mercado, las sieteamores y los sieteoficios, los buscavidas, los buscamuertes y los buscasuertes: del torbellino se desprende una mujer llevándose cuatro abrigos de piel, todos encima, torpe y feliz como una osa enamorada; como un conejo huye un hombre con varios collares de perlas en el pescuezo y como tortuga camina otro con una nevera a la espalda. En las esquinas, niños en harapos dirigen el tránsito, los presos revientan los barrotes de las cárceles, alguien corta a machetazos las mangueras de los bomberos. Bogotá es una inmensa fogata y el cielo una bóveda roja; de los balcones de los ministerios incendiados llueven máquinas de escribir y llueven balazos desde los campanarios de las iglesias en llamas. Los policías se esconden o se cruzan de brazos ante la furia. Desde el palacio presidencial, se ve venir el río de gente. Las ametralladoras han rechazado ya dos ataques, pero el gentío alcanzó a arrojar contra las puertas del palacio al destripado pelele que había matado a Gaitán. Doña Bertha, la primera dama, se calza un revolver al cinto y llama por teléfono a su confesor: —Padre, tenga la bondad de llevar a mi hijo a la Embajada americana. Desde otro teléfono el presidente, Mariano Ospina Pérez, manda proteger la casa del general Marshall y dicta órdenes contra la chusma alzada. Después, se sienta y espera. El rugido crece desde las calles. Tres tanques encabezan la embestida contra el palacio presidencial. Los tanques llevan gente encima, gente agitando banderas y gritando el nombre de Gaitán, y detrás arremete la multitud erizada de machetes, hachas y garrotes. No bien llegan a palacio, los tanques se detienen. Giran lentamente las torretas, apuntan hacia atrás y empiezan a matar pueblo a montones. Cenizas Alguien deambula en busca de un zapato. Una mujer aúlla con un niño muerto en brazos. La ciudad humea. Se camina con cuidado, por no pisar cadáveres. Un maniquí descuajaringado cuelga de los cables del tranvía. Desde la escalinata de un monasterio hecho carbón, un Cristo desnudo y tiznado mira al cielo con los brazos en cruz. Al pie de esa escalinata, un mendigo bebe y convida: la mitra del arzobispo le tapa la cabeza hasta los ojos y una cortina de terciopelo morado le envuelve el cuerpo, pero el mendigo se defiende del frío bebiendo coñac francés en cáliz de oro, y en copón de plata ofrece tragos a los caminantes. Bebiendo y convidando, lo voltea una bala del ejército. Suenan los últimos tiros. La ciudad, arrasada por el fuego, recupera el orden. Al cabo de tres días de venganza y locura, el pueblo desarmado vuelve al humilladero de siempre a trabajar y tristear. El general Marshall no tiene dudas. El bogotazo ha sido obra de Moscú. El gobierno de Colombia suspende relaciones con la Unión Soviética. Eduardo Galeano
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